Scliar y el felino

max-felinos

Detalle de la portada de Max y los felinos.

Por Luiz Schwarcz 

(publicado originalmente en el blog de la editorial Companhia das Letras)

Unos pocos días después de que el libro Las aventuras de Pi ganase el premio Booker –el premio literario más prestigioso del Reino Unido y unos de los más serios y mejor organizados del mundo– surgió una polémica gracias a un artículo publicado en The Guardian. El periódico inglés fue el primero en notar que la trama de Las aventuras de Pi es idéntica a la de Max y los gatos de Moacyr Scliar. El premio ya había suscitado cierta controversia por el hecho de que el libro es mucho menos erudito que los ganadores tradicionales, pero esta nueva acusación fue la que llegó a mi puerta.

A pesar de que el libro original no fue publicado por la Companhia das Letras, Scliar venía editando sus trabajos con nosotros y me telefoneó indignado:

— Hay que hacer algo, ché. Esto es plagio, Luiz. Tenemos que llamar abogados, este tipo de cosas no puede pasar.

Hablaba constantemente con Scliar, como bien saben los lectores de este blog [blog de la Companhia das Letras], pues ha sido uno de los mejores amigos que he tenido desde el inicio de mi carrera profesional.

— Calma, Moacyr, voy a orientarme con abogados y ver qué es posible.

Mientras buscaba estudiar el caso, cobraba fuerza la polémica. Con muy poca delicadeza, Yann Martel, el autor del libro premiado, declaró que no había leído el libro de Scliar, sino solo una reseña negativa de John Updike publicada en el New York Times, lo que lo hizo pensar más o menos lo siguiente: “Qué buena idea mal aprovechada. ¿Y si fuese retomada por un escritor de mi talento?”. Scliar nunca fue reseñado por Updike. Las declaraciones de Martel quedaban cada vez peor.

La indignación de Moacyr seguía en aumento. Los ánimos se caldeaban. El New York Times decidió cubrir el episodio, y en sus páginas valorizaba el talento de Scliar. Fue suficiente para que mi teléfono comenzase a sonar con llamadas de dos importantes agencias de los Estados Unidos buscando representar la obra de nuestro gran escritor a nivel mundial.

Telefoné a Moacyr con la información.

—    Amigo, la ICM y otras agencias quieren representarte en Estados Unidos. A pesar de que todo surgió a causa de un episodio lamentable es una gran oportunidad. Tienes que aprovecharla.

En aquel momento, los abogados decían que era imposible conocer una causa penal en base a la apropiación de una idea, aparte de que el costo de una causa penal como esta sería altísimo.

Mi teléfono volvió a sonar, y en esta ocasión no se trataba de agentes sino del editor de Martel, Jamie Byng, de Canongate, buscando mi mediación en el asunto. Jamie es un editor con mucha energía, una figura impar en el mundo editorial por su espíritu  emprendedor y su creatividad. DJ en sus ratos libres, organiza famosas fiestas durante las ferias de libros, en las que él mismo asume el control de la música.

En el teléfono me garantizaba la buena fe de Martel y me pedía, en conjunto con el autor, que llegáramos a una solución pacífica. Dar cuenta de la polémica literaria sobre la premiación era suficiente para ambos.

Convencí a Moacyr de que la causa no sería viable y le propuse que Martel diese una entrevista en que valorizara la obra del brasileño y se retractara de las desafortunadas declaraciones. Moacyr, por su parte, haría declaraciones en que afirmaría que no iniciaría ningún proceso legal. El lector del blog puede acceder a la materia publicada en aquel momento por Estado y Folha.

Al ir a ver Las aventuras de Pi en el cine recientemente, no pude dejar de sentir un sabor amargo, aparte de echar en falta al gran amigo que partió.

Desafortunadamente, fiel a su carácter súper dedicado a sus amigos, Scliar no aceptó las propuestas de las grandes agencias que querían promoverlo. Se mantuvo fiel al agente literario que lo representaba, quien prometió sacar algún provecho de la polémica y recolocar las obras de Moacyr en el mercado de la lengua inglesa en Europa, promesa que no se llegó a cumplir. Y mientras la novela de Yann Martel se proyecta en la pantalla grande con una megaproducción, el mundo continúa mereciendo conocer mejor los libros de uno de los mejores escritores brasileños del siglo XX.

Leer el artículo original aquí.

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