«Entonces, ¿me rindo?»

Librarle la batalla a los anglicismos a veces parece una causa perdida. Uno de los calcos que se ve con increíble frecuencia es efectivo, de effective, que según el diccionario se refiere a la entrada en vigor de algo, que algo surte efecto o a dinero en moneda. En mi clase inicial de traducción en la universidad la profesora nos enseñaba que efectivo, como adjetivo con el sentido de eficaz o eficiente, según el caso, era un calco del inglés, y estaba MAL. Pero este chico malo de los anglicismos se cuela una y otra vez por todas partes, incluso en trabajos de traductores formados y que de otra manera escriben muy bien. Así, no sorprende que asome la cabeza en textos menos cuidados que, como revisora, suelen llegar a mis manos. Machete en mano, me dedico a callar para siempre su ofensiva presencia, pero, cual yerba mala que nunca muere, sigue pululando y resurgiendo en todo tipo de textos como si mis esfuerzos de nada valiesen.

Otro vocablo ofensivo es elegible, como supuesta traducción del inglés eligible, en el sentido de «having the right to do or obtain something». Así, «He’s eligible for early retirement» se traduce muy a menudo por «Es elegible para la jubilación temprana». (Confieso que lo utilicé durante largo tiempo hasta que una profesora más estricta que la primera me curó la manía.)

Las mejores autoridades de la lengua española recomiendan evitar ambos anglicismos a toda costa. Son falsos amigos, y así se quedarán. Pero cabe preguntarse, ¿vale la pena librarles la batalla? Al final del día, ¿a quién le importa? Si el término elegible está ahí, al alcance de la mano y la gente lo entiende, ¿para qué romperse la cabeza? Su uso con el sentido de calificar o ser apto ya se ha extendido por diversas regiones de habla hispana. ¿Para qué nadar contra la corriente?

Sin ánimo de recurrir a metáforas trilladas, a veces la traducción se siente como un campo de batalla en una guerra que a final de cuentas no podemos ganar. «El inglés nos está conquistando», dicen algunos; «ha invadido el idioma y no vale la pena resistirse». Pero eso no es cierto. Independientemente de cuántos anglicismos y calcos y falsos amigos usemos en nuestras conversaciones, cuando hablamos en nuestra lengua materna, estamos hablando en nuestra lengua materna, y no en inglés. Sí, existen los préstamos lingüísticos, pero estos cumplen una función muy específica en el idioma, al servir para referirse a un concepto u objeto que antes no existía en este. ¿Qué pasa, que el concepto de effective no existía en castellano antes de que llegase el inglés al rescate? Claro que sí: no se trata en este caso de un préstamo lingüístico, sino de un calco. Para evitarlos, hay que preguntarse si la palabra se está tomando prestada por sí sola o si introduce un concepto u objeto al idioma (como sándwich o cómic o champú). Si no introduce nada y sirve para referirse a un concepto ya existente, pues vale la pena encontrar la forma de expresarlo en el idioma de uno. A veces no se trata de una palabra, sino de dos, o incluso de una frase con verbo y todo. Y no digo que esta tarea le toque a todos los hablantes nativos, pero sí a los traductores, revisores y escritores. Los hablantes nativos lo reconocerán cuando lo vean.

Si me preguntasen lo que pienso de casos como efectivo y elegible, diría que no tengo una respuesta definitiva. Abundan las áreas grises y las excepciones según el contexto y la situación. Pero en general, puedo decir que evitar los anglicismos —aunque sean de uso corriente— nos ayuda a mantener un cierto grado de corrección que el letrado, el culto sabrán reconocer. Algunos pensarán que me engaño, y tal vez tengan razón. Lo cierto es que ni me considero purista ni sigo al pie de la letra todo lo que diga la Academia. Pero en última instancia no se trata de palabras individuales, sino de enviar un mensaje. Y ese mensaje debe ser: «sé lo que hago. Independientemente de si estoy bien o mal, o si con el tiempo dejan de importar esas distinciones, la clave está en que yo sigo un proceso. He estudiado y entiendo de lo mío. Conozco los entresijos de mi profesión y no ando tomando decisiones arbitrarias».

¿Por qué importa todo esto? Claro, está la parte de sobresalir y mantener el profesionalismo para atraer más clientes. Pero en última instancia no se trata solo de hacer más dinero. Táchenme de anticuada, pero para mí se trata en última instancia de hacer un trabajo bien hecho y sentirme bien por ello. No se trata de ser perfecto, solo competente.

¿Debería tirar la toalla? Creo que me he contestado mi propia pregunta.

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